Siendo un hombre tan importante, tan imponente y atractivo, pero sobre todo siendo uno de los herederos más ricos del mundo, nadie, absolutamente nadie se atrevía. no recibir a este hombre de ojos tan azules como el hielo en el océano y Candice, se había negado a bajar a hablar con él
— Ahhh... Candice, Candice, te atreves a dejarme aquí — Pero Daniel Alejandro, no era de quedarse con los brazos cruzados, subió las escaleras casi de dos en dos escalones y tocó con fuerza la puerta de la ha