Dame el nombre para matarlo, Oliver.
En la oficina que el ruso Egon manejaba en los Estados Unidos, él había decidido contarle a sus padres sobre él bebé que venía en camino.
— Hijo, que gusto escucharte, ¿Cómo va todo por allá? Si tienes algún problema no debes dudar en decirme.
— Todo está bien, papá, la sociedad con la familia Alcántara va muy bien. Te estoy llamando para otro asunto en realidad.
— Cuentale a tu padre, lo que sea lo vamos a resolver. — El CEO Drimitry escuchaba con atención a su hijo.
— Como sabes mi