Mundo ficciónIniciar sesión—¡Maldita sea! ¡Para! —casi ordenó Carlo antes de sacarse lo que le quedaba de ropa y levantar a Aitana en sus brazos.
La necesitaba tanto, la necesitaba siempre. Era la sensación más extraña de su vida, como si no pudiera respirar sin ella. Jamás había sentido aquello por ninguna mujer, y aunque la verdad lo asustaba un poco, seguía siendo algo maravilloso.
Intentó llevársela a la habitaci&oa







