Dejó el cuarto de baño y notó que su prometida estaba preparada para salir de regreso a la calle.
-¿A dónde irás? -Preguntó sin sonar celoso.
-Con mis padres. Sé que en qué hotel se están alojando. –Respondió Bethany, guardando la libreta en la que anotaba las conjeturas de su vida en una pequeña bolsa de tela de cinturón cruzado.
Su tono de voz era indiferente, la señal más clara con la que Ciro podía corroborar su desencanto.
-Puedo acompañarte si quieres.
-No, pero te lo agradezco. –No pensó