Bethany se movió a penas para ojear el reloj despertador sobre la mesita auxiliar, era media noche y ella no lograba conciliar el sueño. Miró a su lado izquierdo y detalló a Ciro que estaba entregado por completo al hechizo de Morfeo. Dormía sin camisa y en bermudas, efecto del verano. Acarició su fornido bíceps con la yema de su dedo, limpió de marcas. Sin cicatrices o una gota de tinta. En su mente, iban y venían imágenes de un par de brazo masculino, uno lleno de tatuajes; desde el hombro ha