Capitulo XXXII

Janine

—Yo también creo que deberías renunciar.

Mis ojos se abrieron de par en par al ver a mi hijo. Aunque sabía que sospechaba que todo lo que dije antes era una mentira, no quería que me escuchara admitirlo.

Pero lo había escuchado todo.

Mi corazón se hundió al saber que mi hijo había visto mi lado débil. Sus ojos inocentes me miraban, y pude ver la tristeza escondida en sus hermosos ojos color avellana.

Lo miré y suspiré.

—¿Quieres que deje el trabajo?

—Te está haciendo daño —añadió con tri
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