Jemima
—Jemima, tienes que darte prisa y terminar todo —el tono agudo de Natasha me sacó de mis pensamientos.
Vertí unas gotas de vino tinto sobre la carne para darle el sabor tierno y sensacional que quería. ¿Cómo podía hacerlo más rápido? La baja temperatura podría arruinar todo el efecto que buscaba.
Natasha entró apresuradamente en la cocina mientras se ponía el delantal.
—Este lugar está más caliente que el infierno. ¡Maldición! ¿Qué les pasa a esos clientes? —se quejó—. ¿Qué pasa con la s