Janine
—Buenas noches, Janine.
Me quedé completamente quieta, clavada en el mismo sitio, observando cómo se marchaba mientras mi mente daba vueltas tratando de descifrar qué estaba tramando. Podía sentirlo en el aire, en su mirada, en su comportamiento extraño, casi… considerado.
Jux estaba tramando algo.
No me cabía duda.
¿Acaso había descubierto la verdad sobre mis hijos?
Seguía sin entender por qué Jux aparecería en mi casa para visitar a mis niños. Y menos todavía entendía por qué Ezra, que no confiaba fácilmente en nadie, había desarrollado tanto cariño por él en tan solo unas horas desde la primera vez que se vieron.
Aquello me hacía preguntarme cuánto tiempo llevaba Jux rondando cerca de nosotros.
Desde la ventana observé cómo se subía a su coche y se alejaba, dejándome sola con un torbellino de pensamientos.
Si Jux llegaba a descubrir que los niños eran suyos, no dudaría un segundo en arrebatármelos, y yo no podía permitir que eso sucediera.
Tenía que hacer algo… lo sabía. Pero