84. Lazos de sangre
Amber
"Apóyame, querida," pidió Nonna Rosa mientras caminábamos hasta el auto. "Estas piernas ya no son las mismas de cuando bailaba tarantela."
"Claro, señora." me dio una palmadita en la mano.
"Ya te dije, nonna. Llámame nonna; al fin y al cabo ahora eres de la familia." La miré por unos segundos, pero no cuestioné.
Magnus nos esperaba junto al vehículo; su sonrisa se ensanchó al ver a la señora.
"¡Magnus, bello!" exclamó. "¡Estás cada día más guapo! Si yo tuviera cuarenta años menos..."
"¡No