67. Helado
Leonardo
El silencio en el auto era ensordecedor. Por el retrovisor, veía a los pequeños aún asustados, y Amber... parecía haber construido un muro a su alrededor; el cabello recogido en un moño tan apretado que llegaba a parecer doloroso.
"Louis," llamé suavemente cuando llegamos al hotel. El niño alzó los ojos rojos hacia mí. "Ven aquí, campeón."
En cuanto salimos del auto, lo tomé en brazos. Su pequeño cuerpo aún temblaba.
"¿Sabes qué vi hoy?" hablé, acomodándolo en mis brazos. "Vi a un niñi