321. Camino sin retorno
Amber
El sol de la tarde calentaba suavemente mi piel mientras me sentaba en el césped del jardín, observando a Bella y a Louis correr por el prado. Sus risas eran una melodía perfecta, un sonido puro y genuino que me llenaba el pecho de una paz rara y, al mismo tiempo, frágil.
Había pasado un mes desde que Uria volvió a desaparecer. Ninguna visita inesperada, ningún intento de acercamiento. Solo silencio. Una parte de mí se sentía aliviada, agradecida por poder vivir sin el peso constante de s