313. Derrumbándose
Amber
Apenas entré en casa, el peso de la conversación con Leonardo volvió a oprimirme el pecho, como si me estuviera ahogando. Quería gritar. Quería llorar. Quería golpear algo. Pero nada de eso me daría las respuestas que tanto necesitaba.
Subí las escaleras a toda prisa y cerré la puerta del cuarto detrás de mí, girando la llave sin pensarlo dos veces. El silencio era absoluto, pero dentro de mí el caos rugía como un huracán. El cuerpo me temblaba, la respiración se me desacompasaba y sentía