312. Explosión
Leonardo
El aire frío de la mañana me cortaba la piel, pero apenas lo sentía. Mi paciencia estaba colgando de un hilo y la rabia hervía dentro de mi pecho como lava. Apoyado contra el auto, con los brazos cruzados y la respiración pesada, intentaba contener la explosión que se avecinaba.
La penitenciaría parecía un monstruo de concreto gris, feo y opresivo. El lugar perfecto para el maldito al que Amber había tenido la pésima idea de ir a visitar.
Realmente se había vuelto loca.
No lograba cree