302. Recuerdos que arden
Magnus
El calor del agua tibia envolvía mi cuerpo mientras los ojos de Gabriela, intensos y cargados de deseo, se clavaban en los míos.
Ella estaba allí, sumergida en la bañera, cubierta apenas por la espuma, con el cabello rubio húmedo cayéndole sobre los hombros. Su piel brillaba bajo la luz tenue del baño y su sonrisa llevaba una provocación que me atravesaba el alma.
Era mía.
Y en ese instante lo supe con absoluta certeza.
La espuma cubría su cuerpo de forma estratégica, dejándome apenas de