272. ¡Qué susto!
Gabriela
Apreté el teléfono con más fuerza al darme cuenta de que el coche negro no se movía. Los cristales oscuros me impedían ver quién estaba dentro, pero la sensación de estar siendo observada se intensificaba a cada segundo. Magnus seguía al otro lado de la línea, con la respiración controlada, aunque podía percibir la tensión en su voz.
"Magnus… no se ha ido. Está ahí, esperándome."
"Quédate dentro del café. Mi contacto llega en menos de cinco minutos. No hagas nada imprudente."
Tragué sa