150. Sospechas
Amber
Aunque Leonardo me aseguró que todo estaba bajo control, algo dentro de mí no terminaba de creerlo. Una sensación incómoda me oprimía el pecho, un presentimiento que no lograba ignorar. No era el momento de cuestionarlo, no hasta tener algo concreto, algo que pudiera nombrar y enfrentar.
Se sentó en la butaca a mi lado; el contrato seguía en mis manos. Me miró con una media sonrisa, de esas que hacen vacilar el corazón.
"Entonces, ¿qué te pareció?", preguntó, con una curiosidad teñida de