149. Moviendo las piezas del juego
Leonardo
Seguí mirando a las dos mujeres, esperando cualquier reacción.
"¿Dos minutos, Nadia? ¿También tienes problemas de audición?", solté, con la voz afilada.
Nadia tragó saliva. El nerviosismo era evidente mientras entrelazaba las manos sobre el regazo. "Yo… solo hablé de la fiesta de confraternización de la empresa", empezó, con un tono vacilante. "Conversamos bastante esa noche, y la señorita Bayer debió haberlo entendido mal".
Una risa seca se me escapó antes de poder contenerla. "¿Entendido mal?", repetí, arqueando una ceja. "Interesante. Entonces quizá sea mejor pedir las grabaciones de la cámara de la cafetería donde conversaron. Así podremos ver quién dice la verdad". Me incliné ligeramente sobre la mesa, clavando la mirada en ella.
El impacto fue inmediato. Nadia palideció aún más; sus ojos se abrieron por un segundo antes de recomponerse y negar con rapidez. "No, señor Martinucci, no es necesario", dijo, ahora con un tono apresurado. "Errores como ese no volverán a ocurri