141. Despedida
Amber
Después de la intensidad inicial, nuestros cuerpos volvieron a encontrarse en la cama, aunque esta vez con un pulso distinto. El movimiento era pausado, casi ceremonial, y cada caricia, cada aliento, parecía contener todo el amor y el afecto que nos teníamos. Había en ello una devoción compartida, una manera de honrar no solo el cuerpo del otro, sino también su corazón. Como si intentáramos grabar en la piel aquello que tantas veces las palabras no alcanzan a decir. Cuando por fin nos ren