134. Misterio
Leonardo
La rabia ardía dentro de mí como fuego vivo mientras observaba los daños en el coche. Era evidente que no había sido un accidente. Fue un movimiento calculado: lo bastante fuerte para asustar, pero no para matar. Un mensaje claro, y odiaba que me trataran como una pieza en el juego de alguien más.
«Saquen a la señorita Amber de aquí. Ahora». Mi voz salió más dura de lo que pretendía, pero la urgencia latía en cada palabra.
«No», respondió ella sin dudar, con tono desafiante. «Quiero qu