El caos se apoderó de la habitación. Todos gritaban, furiosos, aullando obscenidades y amenazas. Me llamaban monstruo, una bestia que necesitaba ser eliminada. Sus palabras me resbalaban, pero sus ácidas emociones me quemaban y me cortaban. Hubo algunos que no se unieron al caos, como por ejemplo la pareja de cabellos dorados, quienes permanecieron callados y estoicos durante esta farsa.
Mientras decían cosas horribles y lanzaban amenazas de muerte como saliva de sus dientes descubiertos, los