Mis labios chocaron con los de Kade con un hambre que no sabía que tenía. Por un segundo, el férreo control que mantenía sobre mí misma se desvaneció. Pude comprobar de verdad lo mucho que mi cuerpo había anhelado su contacto.
Ellos tenían razón, les pertenecía, pero no sabía si eso era suficiente. Necesitaba normalidad, una vida normal con gente normal. No un padre delirante, un ex asesino, unos padres abusivos y una chica traicionera que fingía ser mi amiga. Los únicos puntos brillantes en es