Entramos en el colegio y las dos primeras clases del día transcurrieron como estaba previsto. Ninguno de los otros estudiantes pareció darse cuenta de mi ausencia.
Mi tercera clase fue una historia completamente diferente. Casi se me había olvidado que me sentaba con los dos gemelos en esta clase.
En el momento en que entré por la puerta, los ojos de ambos se clavaron en mí. Sus miradas se clavaron en mi piel y el sentimiento de culpa que me invadió casi me hizo sentir náuseas.
Caminé despaci