Seguí a Tori a su casa, mi tobillo absolutamente gritando en protesta. Podría en el poco tiempo que había estado saliendo con Tori, mi tobillo se había hinchado considerablemente.
Traté de cubrir mi horrenda cojera, pero el dolor agudo que subía por mi pierna lo dificultaba.
“¿Estás cojeando?”. Tori frunció el ceño, sus ojos clavados en mi tobillo lesionado.
“No es nada”. Me encogí de hombros, “Me caí hace un momento y debí haberlo torcido”.
No tenía mucha experiencia en mentir, pero esperab