Salvador corría como si su vida le fuera en ello, pues de hecho así era, ya que detrás de él venía una tropa lanza en mano y daga a la cintura, lo cual hizo recordar a Salvador que no llevaba la suya cuando palpo su costado.
—¡Akar mi daga, busca mi daga, yo me adelanto!-le gritó al guerrero quien iba diez pasos por delante de él por lo que Salvador tuvo que repetirse una segunda vez hasta que este le entendió y se perdió en una calleja a lo que supuso que había tomado un atajo.
Cuando logró