Salieron a la superficie andando por la arena de la costa, sus cuerpos brillaban por el agua que se deslizaba por sus cuerpos y expulsaban el excedente de agua en sus pulmones por sus narices como un caballo cuando resopla.
Apoyándose en sus lanzas ambos miraron el horizonte y Salvador se percató que no habían salido por el pantano que entró sino por una explanada un poco más alejada porque al mirar a un lado distinguió los árboles enmarcados contra la luz del primer sol que empezaba a caer.
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