60. Dije que te vayas.
Darius disfrutaba de los senos de la mujer, de besarlos, succionarlos y arrancarle gemidos que iban directos a su polla, porque sí. Darius se excitaba más con la excitación de la chica, incluso que con sus propias ansias de poseerla.
— Me encantan tus gemidos, muero por escucharlos cuando se tiñen de placer.— Confesó él reptando por el cuerpo de la joven hasta tenerla completamente cubierta y aun así no la aplastaba con su cuerpo porque apoyaba parte de su peso en los codos. Dejándole sentir so