Habían pasado unos días desde que Sarah había comenzado con su incesante ataque contra Gianina. Era evidente que nada ni nadie parecía poder detenerla. La obsesión de Sarah por destruir a Gianina crecía cada día más, y con ella, la desesperación de Adriano por proteger a la mujer que amaba. Gianina había intentado mantener la calma, pero los constantes mensajes venenosos, las insinuaciones y el desgaste emocional estaban comenzando a hacer mella en ella. Y, a pesar de que los medios habían deja