No levanté la vista, solo puse mi mano en la nuca para masajear la repentina tensión que se había apoderado de mí.
— ¿En serio?. — Todos me observaron sorprendidos. Asentí sin dejar de masajear mi cuello. — ¿Desde cuándo?. — Continúo mi madre.
— Hace varios meses. — Argumenté rápidamente.
— ¿Y como es que no sabemos de ella?. — Indagó ella.
— Porque he preferido ser discreto. — Solté mi cuello al tiempo que salió otra extraña risa.
— ¿Cómo se llama?. — Preguntó mi padre con cierta sospecha en s