“¿De qué chico estás hablando?” George le preguntó a Ted nuevamente.
Era el ser más insensible que había conocido. Lástima que fui tan desafortunada de casarme con él.
“George, por favor ayúdame a subir a la habitación.” Exageré mis gemidos y jadeos para provocar lástima. Pero eso pareció tener poco efecto en él.
“¿Qué chico, Ted?” George siguió insistiendo.
“Vamos, papá. ¿No vas a ayudar a mamá?”
Fue en ese momento que finalmente accedió a ayudar.
Me cargó hasta adentro, pero no sin tratarme c