Capítulo setenta y ocho: Seguimos reapareciendo.
La mañana siguiente se hizo hueco en el borde de mi ventana, permitiendo que ese impertinente rayo de luz tocara mi rostro. El agotamiento y la resaca de tomar una bebida media caliente estaban atentos en mi sistema para joderme el día.
Tome el teléfono de la mesa de noche y confirmo que tengo cuatro mensajes de vos, con pereza reproduzco el primero que es de mi padre preguntando como estuvo el encuentro con todas las personas del hospital, el segundo; es de Lupe, que me pregunta si estoy bien