Capítulo setenta y nueve: Rearmando mis planes.
— Lo sé, lo sé; pero esta vez voy a defenderme yo sola, prométeme que no intervendrás, no quiero que nada malo les pase a ustedes dos. Si los pierdo también no lo soportaría— muy a su pesar volvió a sentarse, depositando un beso en el revés de mi mano,
— Tranquila; mi niña, nada malo nos pasará a nosotros. Si estoy viejo, pero aún puedo darle sus buenos golpes a más de uno— sonrió sacando pecho,
— De eso no queda duda, eres muy fuerte— le aseguré mientras tomaba la taza de té.
Las horas