Capítulo ciento treinta y nueve: Abriéndole los ojos.
Tomé mi teléfono de la cama y llamé a Lu, tenía que contarle a alguien todo lo que ocurría y quién mejor que ella, mi mejor amiga. Luego de sonar tres tonos; ella tomó la llamada,
— Hola Fer, ¿cómo estás, amiga?
—Hola Lu, por suerte bien— le dije con calma,
— Qué bueno, por acá todo sigue igual— ella no perdió la oportunidad para contarme lo sucedido con Luisa y cuando le conté lo que me había dicho Steven, los insultos al otro lado de la línea fueron claros y fuertes,
— No te lo puedo