Capítulo ciento sesenta y dos: Dando mi vida por mi familia.
Caminando con cautela, mirando cada sitio con ella frente a mí, sus pasos se detuvieron cubriendo mi boca cuando quise preguntar el porqué de detenerse abruptamente. Esta chica era peor que un sabueso cuando de escuchar se trataba.
— Escucho algo— susurró muy cerca de mí.
Luego salió disparada en una dirección, yo me apresuré a seguirla y a metros de ella pude escuchar los gritos de Aurora que casi se podían confundir con el ruido de las olas. Renata se tiró al agua tras quitarse la campera