Capítulo ciento diecisiete: Un momento de debilidad.
Luego de la cena, la velada continúa en la terraza y una nueva botella nos acompañaba,
— Me sorprende que cocines tan bien— le digo mientras tomo asiento,
— Vivir tanto tiempo solo; te obliga a aprender— sonríe sentándose a mi lado, pasándome una copa,
— Hoy si puedo decir que fue un buen día— suspiro con alivio contemplando la linda noche,
— Eso me alegra mi sol— me asegura tomando mi mano y dejando un beso en ella,
—Sí, después de tantas cosas, aprecias un día de paz y armonía— é