Capítulo ciento dieciocho: La segunda audiencia.
— Dime… ¿Sigues poniéndote crema tan sensualmente?
Me recosté en la cama y observé mi crema encima de la mesa de noche, no pude evitar sonrojarme al recordar las veces que terminamos juntos solo por ese hecho, siempre lo volvía loco y perjuraba que el aroma a durazno le encantaba en mí.
— Se puede decir que sí.
En serio; Fer, ¿vas a caer en este jueguito?, me preguntaba y rezongaba a la vez mientras escuchaba su vos ronca, sensual y respiración entrecortada al otro lado de la línea…
—