Me despido de mi hijo y mientras salgo de la casa de Julian, le mando un mensaje de disculpas a mi tío por no asistir ayer. Entro al carro, no me mira, no me habla, pisa el acelerador y nos ponemos en marcha.
No soporto más el ambiente hostil que nos rodea, y por ello, me tomo el atrevimiento de encender la radio, mala idea, porque enseguida la apaga.
—No me gusta el ruido cuando manejo —se excusa apretando el volante con fuerza.
—Lo siento —me disculpo de mala manera.
Bajo la ventanilla y…
—Ha