Esta vez me dirijo hacia ella.
—¿Puedes traerme café?
Los ojos de Emma me lanzan dagas de fuego, asiente en silencio, le regala una sonrisa fingida a Daniel y enseguida sale. Sin ella en el mapa, puedo respirar a gusto.
—Ella y tu…
Daniel suelta una ligera carcajada, toma asiento delante de mí y sonríe como si se hubiera encontrado con la mujer más hermosa del planeta, y lo creo.
—Emma y yo fuimos novios, o al menos lo intentamos, pero no funcionó —responde con soltura.
—¿Diferencias? —enarco u