No presta atención a mis palabras, por el contrario, me carga sobre sus hombros con gran facilidad y me lleva hasta el baño, entramos a la regadera y enciende haciendo que el agua caliente me empape más, pataleo y le araño la espalda hasta que me baja.
—¡Idiota! —le pego en su pecho, luego le doy una bofetada.
El mundo se paraliza al darme cuenta de lo que he hecho, me quedo quieta. El agua cae a chorros por mi rostro, su pecho sube y baja, por un momento creo que se ha enfadado, pero entonces