Maya se asomó.
Vio a Alexander bañar a los dos niños con el pelo descuidado. Aparte de la ropa mojada, que le daba un aspecto un poco miserable, no parecía haber ningún problema importante.
Maya enarcó una ceja y se volvió hacia la habitación.
Se acostó en la cama, abrazó a Stella y no mostró ninguna intención de ayudar a Alexander.
Era bueno hacerle saber lo difícil que era cuidar a los niños.
Maya bostezó y Stella extendió la mano para palmearle el pecho.
—Mami, duerme.
—Mm, vamos a dormir ju