88. Ya no es mi mujer
Las puertas principales de Aryndell se abrieron como si el propio viento las empujara.
El Alfa del Fuego había llegado.
Montaba un caballo negro como el abismo, con armadura ligera y una capa carmesí ondeando tras él. Su presencia era un estandarte en sí misma: todos sabían quién era. Sebastián, el comandante del ejército imperial, el Alfa que había controlado guerras… y que ahora venía por su mujer.
Los guardias lo reconocieron al instante y se cuadraron con respeto.
—Alfa Sebastián —dijo