87. No significó nada
Xavier cruzó los pasillos del palacio con paso firme, decidido, con el corazón golpeando su pecho como un tambor. No necesitaba seguir el lazo… la sentía.
La encontraba en cada rincón de ese lugar, como si su esencia impregnara las paredes. Pero ahora no era tiempo de recuerdos ni deseos. Era tiempo de hablar, necesitaba poner las cartas sobre la mesa y aclarar las cosas o iba a volverse loco con todos sus malos pensamientos.
La encontró en uno de los jardines interiores, sentada entre las