45. Monstruos de la Guerra
El amanecer trajo silencio, pero no paz.
La tormenta de nieve se había disipado, y en su lugar quedaban colinas blancas que brillaban bajo la luz del sol como campos de cristal. El aire aún era frío, pero más soportable. Xavier salió de la cueva primero, su figura recortada contra el paisaje invernal.
—La tormenta se ha calmado —informó—. Es hora de continuar.
Dayleen asintió débilmente desde el interior. Aunque su fiebre había bajado, su cuerpo seguía exhausto, como si la nieve le hubier