40. Miel sobre hiel
El cielo gris anunciaba tormenta, como si presintiera el humor del Alfa del Fuego.
Sebastián desmontó de su caballo con furia contenida, su cuerpo tenso, los músculos marcados por la rabia que no lograba liberar. Su escolta lo siguió sin decir palabra, sabían que cualquier mal gesto sería una provocación. Caminó hasta el centro del campamento de la manada de Fuego, donde los suyos esperaban noticias de la negociación con Tierra.
—¡Nada! —rugió, lanzando su capa al suelo—. ¡Nos negaron todo! ¡Ni