38. El rey de Aryndell
El estallido de energía no fue una ilusión. No fue un truco ni un fenómeno aislado.
Fue real.
Y todos lo sintieron.
Desde los campos congelados del Norte hasta los límites del pantano negro en el Oeste, las manadas detuvieron sus actividades. Guerreros dejaron caer sus armas. Curanderas alzaron la vista. Los lobos alzaron el hocico al cielo, desorientados, tensos.
La tierra vibró. El cielo pareció contener el aliento.
La luz blanca, sagrada, se alzó desde lo más profundo de Aryndell.