La tarta llegó de la pastelería de la esquina a las cuatro de la tarde, con seis velas de colores distintos porque Valentina había insistido en que no todas fueran iguales.
—Si son iguales, no se sabe cuál apagar primero —había explicado, con la lógica irrefutable que aplicaba a casi todo.
Nadie había discutido el argumento.
El piso de Chamberí tenía la disposición particular de los días de celebración: las sillas del comedor movidas al salón, la mesa extendida con el tablero adicional que solo