El banco estaba libre, como casi siempre.
Laura se sentó con el café en la mano, el café de la barra del bar de la entrada del parque que ya conocía de memoria: el tamaño exacto, la temperatura con la que llegaba a la barra, el sabor que no era el mejor café de Madrid pero que era el café del banco del Retiro y que por eso tenía un valor que no tenía ningún otro café.
Enero.
El lago, la luz baja del invierno, el silencio de los martes por la mañana en el parque cuando no hay urgencia de estar e