Pati tiene el teléfono pegado a la oreja y la mano libre tapando el micrófono. Sus nudillos están blancos de apretar.
—Es Rosa Illán. De El Continental. Dice que tiene documentos.
Laura deja el bolígrafo sobre la mesa. La tinta del cuaderno todavía está húmeda, una línea a medio trazar que ya no va a ninguna parte.
—¿Qué documentos?
—Copias de dos de los tres contratos. Y una fuente dentro de la oficina de Bogotá.
Laura mira a Marc. Marc mira el teléfono como si pudiera quemarlo con la mirada.