Laura visitó a Carmen un miércoles de diciembre.
Sola. Sin abogados. Sin Álvaro. Sin el abrigo de nadie que le diera fuerza porque esta vez la fuerza era propia y no necesitaba que se la prestaran.
El Centro Penitenciario Madrid III tenía ese olor específico de los edificios donde el aire circula poco y donde el tiempo pesa de manera diferente al de afuera: más lento, más denso, como si los minutos dentro de esas paredes fueran de otro material que los de fuera.
Laura pasó los controles.
La fun