La caja estaba en el suelo, al alcance.
Laura la había abierto ya esa semana, el miércoles, para contar las cuarenta y cuatro cartas y releer las tres que había necesitado releer. No tenía ninguna razón para abrirla otra vez.
Pero la abrió.
Era el viernes por la tarde, con las horas sueltas que a veces quedaban al final de los días en que el trabajo había terminado antes de lo previsto y la tarde todavía tenía luz suficiente para hacer algo más.
Cogió la carta cuarenta y uno.
La de "ya no tengo