El aroma a cuero nuevo y ambición llenaba el elegante coche negro oficial mientras se deslizaba por las calles de la ciudad, resplandecientes por la lluvia. Sloane, sentada en el borde del asiento de piel extrasuave, se sentía como una impostora con un disfraz robado.
El vestido, un diseño sencillo y escandalosamente caro de seda color noche, se ceñía a su cuerpo de una forma que sus prendas de tienda de segunda mano jamás lograrían. Era un regalo. El primero de muchos, según la nota que venía